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Arroba de los Montes, Ciudad Real, Spain
INVESTIGACION Y DIVULGACION DE ARROBA DE LOS MONTES
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miércoles, 16 de septiembre de 2026

ARROBA DE LOS MONTES: LOS NUEVOS PETROGLIFOS QUE REVELAN OBSERVACIONES ASTRONOMICAS ANCESTRALES

JESÚS VÍCTOR GARCÍA 

Los petroglifos, dibujos grabados en roca adscritos al arte rupestre, son considerados los primeros antecedentes de la escritura y se han utilizado como forma de comunicación desde el Paleolítico hasta la Edad Moderna. En Arroba de los Montes, un reciente y extraordinario hallazgo en un panel de pizarra excelentemente conservado —distinto a los descubiertos por el autor en 2010— parece revelar la existencia de un complejo calendario lunar y astronómico.

El entorno de gran belleza alrededor de los petroglifos de Arroba de los Montes foto Jesús Víctor García

Todo indica que cada cuadrado grabado en la piedra equivale a un mes lunar de 28 días. Esta hipótesis se ve reforzada por la presencia de una cazoleta excavada junto al panel, que representaría a la Luna, y por la alineación de estos elementos con la representación estelar de la Osa Mayor. La conjugación de la cazoleta, el mes lunar y las estrellas habría conformado un calendario astronómico vivo, fundamental para marcar el devenir del tiempo de sus creadores.

Petroglifos junto al autor del articulo foto Jesús Víctor García

Un panel estructurado en tres tiempos

El panel, con una extensión de unos 6 metros cuadrados y grabados de 10 milímetros de profundidad media, se divide en tres bloques principales: lateral derecho, central e izquierdo. Aunque el conjunto mantiene una coherencia artística, presenta variaciones en la agrupación, orientación y tipología de las figuras. Además, estos bloques están rodeados por grabados más pequeños y superficiales, posiblemente realizados por aprendices o niños.

Calco y numero de rectángulos por pictograma en los petroglifos de Arroba de los Montes según Jesús Víctor García

El análisis detallado de sus secciones revela una clara evolución cronológica, habiéndose elaborado de derecha a izquierda:

  • Panel lateral derecho (El más antiguo): Orientado en dirección noreste-suroeste, es el menos elaborado técnicamente, pero destaca por sus representaciones estelares, motivos escaleriformes, fusiformes y una cazoleta. Con 15 pictogramas y 121 cuadros, arroja un promedio de 7,52 cuadros por pictograma. Si calculamos que un año lunar tiene 13 meses, estos cuadros abarcarían un periodo de registro de unos 9,3 años. Su antigüedad lo enlaza directamente con otros petroglifos de la zona descubiertos con anterioridad.

Números de petroglifos y rectángulos del panel derecho en Arroba de los Montes según Jesús Víctor García

  • Panel central (La etapa intermedia): De orientación este-oeste, es el bloque técnicamente más elaborado. En él predominan los motivos pisciformes y trianguliformes. Cuenta con 16 pictogramas y 194 cuadros (un promedio de 12,12). Esto representaría unos 14,2 años de registros lunares.

Numero de petroglifos y cantidad de rectángulos en el panel central de los petroglifos de Arroba de los Montes según Jesús Víctor García

  • Panel lateral izquierdo (El más reciente): Dispuesto en el eje norte-sur, contiene algunas figuras inacabadas, motivos fusiformes y una especie de "tres en raya". Posee 16 pictogramas y 204 cuadros, con un promedio de 12,75, cifra muy cercana a los 13 meses del año lunar. Este bloque documentaría unos 15,6 años de historia.

Numero de petroglifos y cantidad de rectángulos en el panel izquierda de los petroglifos de Arroba de los Montes según Jesús Víctor García

Resulta revelador cómo los promedios de los paneles central e izquierdo se aproximan casi con exactitud a la duración de un año lunar. Su elaboración consistía en trazar líneas largas que se iban cerrando mensualmente; al completar una figura, se iniciaba otra, en un sistema de conteo similar a las marcas que realizan los prisioneros para contar los días.

Tabla estadística de los paneles de petroglifos de Arroba de los Montes según Jesús Víctor García

Los 16 datos observados en la hoja de cálculo muestran una fuerte co-variación positiva entre las tres variables (Lateral Izquierdo, Central y derecho).Los valores de las tres columnas crecen y decrecen simultáneamente de forma muy marcada a lo largo de las 16 filas. Lo que indica que el 98.11% de la variabilidad del valor en Petroglifo se explica por el comportamiento combinado del Lateral Izquierdo y el Central.

Naturaleza y territorio local

El vínculo de estos grabados con la naturaleza de su entorno es evidente. Los petroglifos pisciformes, por ejemplo, están dispuestos en direcciones opuestas para señalar el ciclo migratorio de los peces: indican cuándo suben a desovar desde el río Guadiana hacia los arroyos de Arroba de los Montes y cuándo regresan. A día de hoy, esta migración primaveral sigue siendo un espectáculo natural impresionante en la zona.

La representaciones están integradas con el paisaje donde se prioriza la micro-localización al borde del agua (cauce del arroyo/tamujales), un entorno propio de estaciones de paso o lugares de reunión donde la piedra se convertía en un panel continuo de escritura primitiva o registro estelar.

Representación de una supernova en forma de "tres en raya" en los petroglifos de Arroba de los Montes foto Jesús Víctor García

A nivel local, los habitantes de Arroba se refieren a estos grabados con nombres familiares como “ajedrez”, “tres en raya”, “muñecas” o “garabatos”. Desde los primeros pobladores, existe en la zona una arraigada tradición de pintar o grabar en las rocas. Curiosamente, a diferencia de otras manifestaciones, estos petroglifos se realizaron sobre peñas horizontales, lo que facilitaba enormemente su observación, uso y modificación a lo largo del tiempo.

Datación y técnica de grabado

Históricamente, estos grabados se ubicaban cerca de corrientes de agua permanentes y pasos naturales. Aunque el arte rupestre existe desde el Paleolítico Superior, este tipo de grabados al aire libre sobre granito, cuarcita y pizarra floreció en el noroeste y la zona atlántica de la península ibérica entre el Neolítico y el Calcolítico, perdurando en los Montes de Toledo hasta la Edad del Hierro (aprox. 750 a. C.).

Proyección de sombras de la vegetacion cercana sobre los petroglifos de Arroba de los Montes que sirven de guía para su grabado foto Jesús Víctor García

Existen debates sobre su datación. Algunos expertos los sitúan en el Bronce Antiguo, asumiendo que se utilizaron herramientas metálicas y argumentando que el cobre es demasiado blando para grabar la pizarra. No obstante, el autor ha demostrado empíricamente que herramientas de cuarcita o de cuarzo —muy abundantes en el municipio— permiten realizar estos grabados sin dificultad en un corto espacio de tiempo. Esto, sumado a los hallazgos locales de hachas pulimentadas y azuelas, sugiere un origen mucho más antiguo, enraizándose en el Neolítico, Megalítico o Calcolítico.

Basándome en la supernova hace unos 11.000 años (alrededor del 9000 a. C.), la Península Ibérica vivía la transición de la última era glacial hacia el clima cálido del Holoceno. En esta época no existían "culturas" organizadas como estados o ciudades, sino grupos seminómadas de cazadores-recolectores del Epipaleolítico (o Mesolítico temprano).

Calco digital sobre foto de los petroglifos realizado por Jesús Víctor García

El mapa estelar: la Osa Mayor y la supernova Vela

Uno de los aspectos más fascinantes de los petroglifos de Arroba de los Montes es su profunda conexión astronómica. Las formas fusiformes, pisciformes y escaleriformes guardan una enorme similitud con la constelación de la Osa Mayor.

Osa mayor vista desde Arroba de los Montes según Jesús Víctor García

Además existe un grabado en forma de "tres en raya "que representa una estrella enmarcada en un cuadrado de tamaño inusualmente grande, lo que podría simbolizar la explosión de una supernova. Existe el remanente de la supernova de Vela, es el cadáver en expansión de una estrella masiva que colapsó y explotó hace aproximadamente 11.000 a 12.000 años (alrededor del 9000 a. C.). Ubicada a solo 800 años luz de nuestro sistema solar, es una de las supernovas más cercanas a la Tierra de las que se tiene registro indirecto.

Supernova Vela y osa mayor hace 11.000 años vista desde Arroba de los Montes según Jesús Víctor García

Debido a su posición en el cielo austral (declinación cercana a los -45°), la explosión solo fue visible para los habitantes del hemisferio sur terrestre y para comunidades ubicadas en latitudes muy bajas del hemisferio norte donde la visibilidad era muy baja, rasante con las montañas.

Se produjo un fenómeno espectacular sobre la crestería, a apenas 3º de elevación, las estrellas principales de la constelación Vela rozaban exactamente las cumbres de cuarcita de los Montes de Toledo al mirar hacia el sur.

Vista de la supernova Vela desde Arroba de los Montes hace 9.000 A.C. creado por Jesús Víctor García por IA 

Coincidiendo de lleno con esa época (~9000 a. C.), explotó la célebre Supernova de la Vela (cuyo remanente y púlsar siguen siendo estudiados hoy por la NASA y el ESO). El estallido fue un destello colosal, más brillante que la Luna llena y visible de día, que apareció rasando la montaña justo en el horizonte Sur de Arroba de los Montes.

Durante el Mesolítico, los habitantes de la comarca de los Montes de Toledo, presenciaron este evento deslumbrante en el cielo nocturno, con un brillo extremo que alcanzó una magnitud aparente estimada entre -8 y 10, superando con frecuencia el brillo de Venus e iluminando la noche casi como una Luna en cuarto creciente.

Representación de la osa mayor en los petroglifos de Arroba de los Montes foto y calco de Jesús Víctor García

Además, la morfología de la Osa Mayor cambia a lo largo de los milenios debido a la distinta velocidad y trayectoria de dos de sus estrellas extremas. Comparando la disposición estelar grabada en la piedra con la evolución histórica de la constelación, se puede deducir que la antigüedad de estas representaciones no superaría los 100.000 años.

Evolución de la Osa Mayor y representaciones pictográficas 

Conclusión: Calendario, ábaco y juego

En definitiva, todas estas evidencias nos alejan de la idea de que los grabados tuvieran una función puramente mágico-religiosa o de marcación territorial. Nos encontramos ante un calendario astronómico dinámico. La representaciones responde a la observación detallada de la variabilidad celeste: el cómputo del mes lunar (más complejo de medir que el año solar debido a la variación de sus fases) y la congelación en la memoria colectiva de cataclismos celestes o apariciones estelares inusuales.

Las comunidades de la época utilizaban este registro para facilitar la caza, la pesca y la recolección. Pero su uso iba más allá: el panel funcionaba también como espacio de ocio y como un primitivo ábaco. Los rectángulos y la cazoleta adyacente servían para colocar y guardar pequeñas cuentas de cuarzo o tabas de hueso. Así, además de llevar una estricta contabilidad del tiempo, los creadores de estos petroglifos utilizaban la roca para entretenerse, jugando a lo que podríamos considerar los antepasados del alquerque o las damas.

Petroglifos escalariformes y fusiformes de Arroba de los Montes foto Jesús Víctor García

El método es gráfico y simbólico. La roca sirve como "página" donde los grabadores no buscan que la luz pase por un tubo, sino plasmar un sistema de cómputo (conteo de marcas/rectángulos para pautar lunaciones) o representar de forma abstracta la aparición de un nuevo "astro brillante" (supernova).


BIBLIOGRAFÍA

  • García, Jesús Víctor. Los Primeros lenguajes escritos en los Montes de Toledo. Asociación Cultural Montes de Toledo.

  • Sánchez Martín, Agustín J. y García, Jesús Víctor. Representaciones Astronómicas del Paleolítico Antiguo en la Submeseta sur peninsular. Montes de Toledo. Asociación Cultural Montes de Toledo.

  • Sánchez Martín, Agustín J. (2004). Del Paleolítico a los Visigodos. Adaptación de la conferencia realizada para el A.P.R. Pintor Ortega en Horcajo de los Montes (11/12/2004).

  • Wikipedia. Entrada sobre Supernovas históricas.

  • Bueno Ramírez, P., Balbín Behrmann, R. de, y Barroso Bermejo, R. (2008). "Megalitismo y arte rupestre al aire libre en el centro de la Península Ibérica". Trabajos de Prehistoria, 65(2), pp. 87-104. (Analiza el contexto territorial de los petroglifos y su vínculo con las comunidades neolíticas y del Bronce).

  • Sevillano Carbajal, V. (1991). "Grabados rupestres en el ámbito de los Montes de Toledo". Anales Toledanos, XXVIII, pp. 15-42. (Centrado en petroglifos al aire libre, cazoletas y alineaciones en cuarcitas).

  • Benítez de Lugo Enrich, L., y Esteban Delgado, C. (2018). "Orientaciones astronómicas y paisajes sagrados en la Prehistoria reciente de la Meseta Sur". Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 26, pp. 45-68. (Revisa las hipótesis sobre marcadores lunares y solares en yacimientos centro-peninsulares).

  • Gómez Barrera, J. A. (1992). "Petroglifos y arte rupestre en la cuenca interior peninsular". Complutum, 2-3, pp. 233-242.


ANEXO:

CALCULO ALTURA EXACTA DE LA SUPERNOVA VELA DESDE ARROBA DE LOS MONTES


Para calcular la visibilidad de la constelación de la Vela hace 11.000 años (aproximadamente 9000 a. C.), debemos tener en cuenta el desplazamiento de la esfera celeste debido a la precesión de los equinoccios (un ciclo de 25.772 años).

  • Coordenadas de Arroba de los Montes: Latitud phi = 39,14º N

  • Límite del horizonte visible al Sur: 90º 39,14º = 50,86º (cualquier cuerpo con una declinación más austral que 50,86º queda oculto bajo la tierra).

  • Declinación de Vela en el 9000 a. C.: La región central de la Vela y el área de su famosa supernova se situaban a una declinación de aproximadamente delta aprox 48º (en la actualidad ha descendido a entre 50º y 57º.

Hace 11.000 años, la constelación de la Vela alcanzaba una altura máxima de 2,86º sobre el horizonte Sur (aproximadamente entre 2,5 y 3,5º según la estrella concreta de la constelación).

  • Un fenómeno espectacular sobre la crestería: A apenas 3º de elevación, las estrellas principales de la Vela rozaban exactamente las cumbres de cuarcita de los Montes de Toledo al mirar hacia el Sur.

  • El evento de la Supernova de la Vela: Coincidiendo de lleno con esa época (~9000 a. C.), explotó la célebre Supernova de la Vela (cuyo remanente y púlsar siguen siendo estudiados hoy por la NASA y el ESO). El estallido fue un destello colosal, más brillante que la Luna llena y visible de día, que apareció rasando la montaña justo en el horizonte Sur de Arroba de los Montes.



martes, 1 de enero de 2019

ARQUEOASTRONOMIA DEL COMPLEJO MEGALITICO DE LA SIERRA DEL HONTANAR EN ARROBA DE LOS MONTES

JESÚS VÍCTOR GARCÍA

La Arqueoastronomía es el estudio de como los antiguos pobladores entendieron los distintos fenómenos astronómicos, como lo usaron, como aplicaron y como fueron influenciados por estas observaciones en la cultura de estas poblaciones.

Cabe destacar que el concepto de Astronomía no es igual que el actual, el hombre de la prehistoria  observa en peñas sombras o proyecciones, resaltando mas este fenómeno con retoques o pueden desplazar o volcar grandes piedras para indicar un fenómeno celestial.

Campo visual desde la cabeza de la Sierra del Hontanar en Arroba de los Montes(según Jesús Víctor)
El campo visual desde la Cabeza es dominante al sur y al norte, coincidiendo con toda la alineación de la Sierra del Hontanar. También desde este punto se observa el paso natural que va hacia Piedrabuena y su laderas colindantes.

Se puede decir que primero se observa es la consecuencia del fenómeno astronómico y después mirando al cielo se pregunta el porque. El hombre de la prehistoria vivía en la tierra y le preocupa todos los acontecimientos que ocurren en ella, que no son pocos. Estos lo reflejaban de manera espontanea en los sustratos disponibles en su territorio (pizarra, peñas, rocas).

El observador descubre una serie de acontecimiento :
          -De manera casual
          -El acontecimiento es repetitivo y cíclico.
          -El fenómeno es impactante.
          -En un lugar donde se vive o transita
          -Cuando la climatología es favorable para observar
          -Al amanecer o atardecer
          -Un observador o varios observadores.
          -No hay otra creencia que invalide estos fenómeno.
           -Rompe la monotonía cotidiana
           -Sirve de calendario para la tribu,"con la luna llena o muerta"
           -Señala fenómenos extraordinarios." el día que fue noche".

Ídolos con representaciones astronómicas en Arroba de los Montes (foto del autor)

La sierra del Hontanar siempre a sido un punto enigmático para los habitantes de Arroba de los Montes, es un lugar de atracción para los rayos de las tormentas donde han muertos varios vecinos. Además los ganaderos han encontrado abundantes hachas pulimentadas que han denominados por sus vecinos "piedras de rayos" que atribuían la propiedad de repeler a los rayos.
Además es una zona con abundante agua existiendo un acuífero subterráneo que abastece a las distintas fuentes y manantiales de la zona.

La Sierra del Hontanar es la única sierra de toda la comarca orientada de norte al sur, ya que las demás sierras están orientadas de Oeste-Este. Las distintas representaciones megalíticas en la Sierra del Hontanar tiene una alineación del Suroeste al Noreste. Cabe indicar que las líneas magneticas de la tierra van de norte al sur y según estudios, las vacas y cabras duermen orientados de norte-sur.
Aparte de ser una zona privilegiada  para la observación de la bóveda celeste es un lugar con una presencia humana continuada a lo largo de la prehistoria.

Puntos GPS del megalitos y otras representaciones en la Sierra del Hontanar en Arroba de los Montes (Jesús Víctor García)
Los primeros rayos de sol iluminan el conjunto megalítico de la Sierra del Hontanar al amanecer. Aprovechando los crestones cuarciticos de la Sierra del Hontanar, unas veces partiéndolos, otras veces desplazándolos y otras veces golpeando las peñas forman un conjunto megalítico enigmático.
Esta cultura no desplaza grandes piedras porque su población no es muy numerosa y es una sociedad que aplica la agricultura de manera deficitaria.
Amanecer en el complejo megalítico de la Sierra del Hontanar en Arroba de los Montes

En la Sierra del Hontanar de Arroba de los Montes hay una series de representaciones adscritos a las Insculturas, la definición  de inscultura no es clara, representa todas las representaciones de arte rupestre, cazoletas o coviña, petroglifos y fenómenos megalíticos como dólmenes, crómlech o menhires casi siempre al aire libre.

Cabeza megalítica en la Sierra del Hontanar en Arroba de los Montes (foto del autor)

La cabeza esta realizada sobre una peña lascada del terreno para realizar una representación megalítica. Se podía decir que es un menhir con forma de cabeza que aprovecha el accidente geológico para un fin cultural.
Piedra Caballera en la Sierra del Hontanar en Arroba de los Montes (foto del autor)
Los antiguos pobladores de Arroba de los montes cuando llegaban el solsticio de invierno, movían las piedras caballeras para "despertar al sol", con pesos en una punta de la plataforma y en otra levantando, moverían la piedra para despertar a la tierra simbólicamente. Esto ocurría en los días mas cortos del año marcado en una proyección solar a las 12 horas solar (13 horas en nuestros relojes).

Anochecer en el equinoccio de Otoño en Arroba de los Montes con observación de la estrella Baham y las constelaciones de Andrómeda y Casiopea.
Al ponerse el sol durante el equinoccio de Otoño se observa que la Cabeza mira a la estrella Baham, siendo la mas brillante de la constelación de Pegaso junto a la constelación de Casiopea y la galaxia de Andrómeda.

Casiopea es una constelación de 5 estrellas brillantes (sobre todo en el mes de Noviembre) señalando al norte y a la estrella polar, apuntando desde su extremo de la M o W.
La Galaxia de Andrómeda es el objeto visible a simple vista mas lejanos de la tierra en un cielo muy oscuro.
Plataforma de la Piedra Caballera en la Sierra del Hontanar (foto del autor)
En la época celta las piedras caballeras servía como piedras probatorias para demostrar que los acusados eran inocentes, si lograban moverlas se declaraban inocentes y si no, eran culpables. 
La Piedra Caballera de la Sierra del Hontanar tiene una longitud de 2,50 metros y una media de 1,65 metros de ancho, teniendo la piedra un peso de unos 7.500 kilos.

Planetas en el Solsticio de Verano 2018  en Arroba de los Montes
Los solsticios proviene del latín y significa "Sol quieto", siendo el momento del año en los que el sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo. Siendo en verano el dia mas largo y en invierno la noche mas larga.

Alineación del complejo megalítico de la Sierra del Hontanar en ortofoto en Arroba de los Montes (según el autor)
Una de la fuente de información para la Arqueoastronomía es el estudio de los alineamientos, se basa en asumir que el eje de alineamiento en cualquier sitio arqueológico es significativo y esta orientado hacia un objetivo astronómico.

Alineación del complejo megalítico de la Sierra del Hontanar en Arroba de los Montes (foto del autor)
Una de las alineaciones de la Sierra del Hontanar es entre la Piedra Caballera, Cabeza y Dolmen, esta mide 100 metros de longitud. 
La piedra Caballera y el Dolmen tiene una base o plataforma para la observación de dos puntos de alineación.  En verano esta línea coincide al atardecer con la constelación de Escorpión, esta es visible solo un poco tiempo.
Alineación de luna, tierra, mercurio y júpiter en el solsticio invierno coincidiendo con la proyección de la Cabeza en Arroba de los Montes 2018
El solsticio de invierno del 2108 se produjo una raro fenómeno de alineación de la tierra, luna, mercurio y júpiter. Por curiosidad en estas fechas se produjo la catástrofe del Krakatoa en Indonesia.
Lumbre de Quintos del año 2011 en Arroba de los Montes, celebrado desde siempre por los mozos el 31 de diciembre (foto del autor)
En el solsticio de invierno, sobre todo en la cultura celta, se festeja el regreso del sol, ya que a partir de estas fechas los días empieza a alargar, también se celebran este hecho con la quema de una gran fogata que existe en la actualidad con la quema de grandes leños,el día 31 de diciembre en Arroba de los Montes, en una gran lumbre que dura varios días.

Anochecer en el Solsticio de Invierno en Arroba de los Montes, con Vega, Etamin
En el anochecer del solsticio de invierno, en la Sierra del Hontanar, se puede observar en el firmamento la estrella Vega y Etamin. Estas estrellas tienen la peculiaridad de que son muy brillantes y marcan el punto de invierno.
Triangulo formado por punto tallado en roca, cabeza y piedra caballera cuya bisectriz coincide con la Vega y Andrómeda

La estrella Vega es una de las estrella mas brillante del firmamento, siendo catalogada por los astrónomos como la estrella mas importante del cielo después del sol. Tal es así que Vega fue la estrella polar hace 12.000 años y volverá a serlo en el año 13.720 D. C.
La estrella Etamin es la estrella de mayor brillo en la Constelación del Dragon y es además la estrella mas brillante mas cercana al "punto de invierno" del coluro solsticial, meridiano de la esfera.

Cazoletas y líneas guías en pared horizontal en la Sierra del Hontanar en Arroba de los Montes (foto del autor) 
Las cazoletas son agujeros semiesféricos tallados por los hombres tanto en paredes rocosas verticales como horizontales. Si unimos las cazoletas con líneas nos dan un conjuntos de líneas que pueden interpretarse como un plano con la ubicación de la cabeza, dolmen y piedra caballera ( línea marrón).
Punto tallado en las peñas de la Sierra del Hontanar de Arroba de los Montes (foto del autor)

La línea verde que une la Cabeza y puntos tallados en las peñas indican la ubicación de Andrómeda, Vega al Oeste y Rigel al Este. Estas estrellas son de las mas brillantes y representativas en el cielo invernal.

Equinoccio en la primavera del 2018 en Arroba de los Montes 
Los equinoccios se producen cuando el sol se encuentra exactamente sobre el ecuador y ocurre dos veces al año y es cuando el día y la noche tiene la misma duración. En los equinoccios el sale exactamente por el este y se pone exactamente por el oeste.

Conjunto megalítico con dolmen al fondo en la Sierra del Hontanar en Arroba de los Montes (foto del autor)
Las sociedades antiguas eran conocedores de los fenómenos terrestres y astronómicos relacionados con los ciclos estacionales de siembra, migraciones o fenómenos atmosféricos. Estos acontecimientos se veían reflejado en las construcciones de megalitos cumpliendo además una función religiosa o mortuoria.

Amanecer en el Solsticio de Invierno en Arroba de los Montes 2018, observación de Antares y Escorpion
Antes de  salir el sol en el solsticio de Invierno en la Sierra del Hontanar, se puede observar la constelación del Escorpión con su estrella Antares.
La estrella Antares significa "el rival de Ares" ya que tiene un color rojo rivalizando con el planeta Marte. Este color rojo hace de ella un punto de interés en muchas sociedades del pasado a igual que el planeta marte.
Hay que destacar la salida del sol  que coincide con la Estrella Rigel o Rijl al Awwa, esta es un sistema estelar de la constelación de Orión. Rigel es la estrella que mas destaca en el cielo nocturno del invierno

Plataforma y base del dolmen de la Sierra del Hontanar en Arroba de los Montes (foto del autor)

BIBLIOGRAFIA:
-Representaciones Astronómicas del Paleolítico Antiguo en la Submeseta Sur Peninsular. Los Montes de Toledo, Separata Revista de Estudios Monteños. AGUSTIN J.MARTIN SANCHEZ/JESUS VICTOR GARCIA.

-IGN, Aplicación Instituto Geográfico Nacional.

-Aplicación Star Wak 2.

-Arqueoastronomía, Wikipedia.

-Megalitismo y Modelos protourbanos en Arroba de los Montes. Jesús Víctor García "Revista Asociación Cultural Montes de Toledo".

-Cazoletas en los Montes de Toledo, Zona suroccidental (Campo de Arroba). Jesús Víctor García.

-Google Earth


jueves, 15 de julio de 2010

REPRESENTACIONES ASTRONOMICAS DEL PALEOLITICO EN LOS MONTES DE TOLEDO




REPRESENTACIONES ASTRONÓMICAS
DEL PALEOLÍTICO ANTIGUO EN LA SUBMESETA SUR PENINSULAR.
LOS MONTES DE TOLEDO


AGUSTÍN J.MARTÍN SANCHEZ Y JESÚS VÍCTOR GARCÍA

INTRODUCCIÓN


Desde siempre se ha venido hablando de arte paleolítico, entendiendo como tal, una mera representación figurativa, asociado a culturas desarrolladas hace 30.000 años, lo que conocemos como Paleolítico Superior. Pero el arte, la capacidad de abstracción del hombre, como la de observación, seguramente despertó junto con su capacidad de crear herramientas de una manera sistemática y repetitiva, posiblemente en los inicios del Achelense, con el Homo Erectus.

En las siguientes páginas analizaremos exhaustivamente una serie de piezas líticas con cuidadas y sencillas extracciones que merecen nuestra atención y , al menos, una hipó-tesis científica aceptable.
1. Coincidimos en el planteamiento que sostienen Benito del Rey y Benito (1998), respecto de las bolas y esferoides, en cuanto a que “es imposible concebir y realizar métodos como el Levallois o útiles como el hendedor, sin que el ser humano hubiera logrado alcanzar cierto nivel de abstracción, porque la concepción de ese método o la fabricación de ese útil llevan implícita, en la idea de predeterminación, una compleja (al menos, relativamente) capacidad de abstracción”, de la misma manera que, para plasmar la realidad en una representación más o menos figurativa, es necesario abstraerse de lo superfluo y filtrar la esencia de lo observado.
Foto  Agustín J. Martin Sánchez

Los hallazgos se llevaron a cabo de manera fortuita por aficionados y sin tener plena conciencia de lo que recogían, motivados por la curiosidad y rareza de éstas piezas. Salvo P-5, que ha sido donada recientemente al Museo Provincial de Ciudad Real, y P-6, que forma parte de un panel de lanchas de cuarcitas que revisten un muro de contención, las otras cuatro piezas permanece en manos privadas.
P-1 fue hallada en el yacimiento achelense-musteriense de “Valdepuercas”, en Retuerta del Bullaque, Ciudad Real, sobre la terraza del arroyo del Avellanar, hacia la cuenca del río Bullaque.

P-2 pertenece al yacimiento paleolítico y prerromano de “Arroyo Manzanas”, situado en la margen izquierda del río Tajo, en Las Herencias, Toledo. Se haya en un contexto Achelense antiguo.
P-3 y P-4 fueron recogidas del yacimiento achelense antiguo de “Junta de los ríos” (a un metro uno de otro), sobre las terrazas del río San Marcos y el río Valdehornos, afluentes del río Guadiana, en Arroba de los Montes, Ciudad Real.
P-5 se recogió en el término municipal de Alcolea de Calatrava, en Ciudad Real.
P-6 fue integrado en un revestimiento de cuarcitas en la localidad de Luciana, en Ciudad Real, municipio en el que se conocen, desde los años ochenta, destacados yacimientos del achelense-musteriense, en torno a las terrazas de los ríos Guadiana y Bullaque.
El motivo fundamental por el que estas piezas, tan distantes en sus lugares de hallazgo, nos obligan a someterlas a un estudio conjunto son tres:

- El material soporte sobre el que se encuentran son pequeños guijarros aplanados o medianas placas paralelepípedas de cuarcita.

- Se hallan relacionadas, directa o indirectamente (en el caso de P-6), con yacimientos del Achelense y Musteriense de tradición achelense.

- Contienen extracciones de lascado simples, de acción antrópica.

Por otra parte, destacar una última observación al respecto, todas ellas tienden a una disposición vertical e incluso, dos de ellas tienen una base preparada para asentarse en vertical, las otras podrían haber sido hincadas en la tierra, con esta posición, aunque sobre este tema hablaremos más adelante.

Como método de trabajo hemos diseñado, puesto que la simplicidad de las piezas así lo requieren, un sistema de estudio sencillo: análisis del las-cado, para determinar si existió acción humana o no; hipótesis de fabricación, acorde con la tecnología achelense; posibles representaciones naturalistas; y significado del la pieza en el marco cultural en el que se emplaza.

Cabe señalar que, para confirmar la hipótesis de fabricación, es imprescindible la talla experimental, pero ninguno de nosotros tenemos experiencia en este campo, a lo que hay que sumar la dificultad añadida de tallar la cuarcita que, a diferencia del sílex, requiere de mayor conocimiento técnico y destreza, sin olvidar las diferentes condiciones de humedad, temperatura y presión de hace 300.000 años, que afectan en gran medida a la manipulación de esta materia prima. Por esto, únicamente planteamos una hipótesis de fabricación.


DESCRIPCIÓN DE LAS PIEZAS


P-3
Macrolasca sobre gran guijarro de cuarcita de color anaranjado (alto contenido de óxido e hidróxido de hierro), con forma arriñonada, truncadura transversal en un extremo, que hace de base, y recorte circular en el otro, semejante a una estela o placa funeraria. Sus dimensiones máximas son 17,5 x 15,5 x 6 cm, su estado de conservación es bueno. Presenta una gran extracción de lasca ovalada (10 x 9 cm de diámetros) y dos pequeños picotazos en su cara delantera (formando entre sí un triángulo casi rectángulo de 85 x 54 x 41º, con una rotación de 21º der. sobre su centro); en esta misma cara hay un cuarto golpe -quizá rotura, producto del rodamiento-, en el lado superior derecho, con forma trapezoidal, que toca con la primera extracción. Su peso es de 2.700 gramos
Foto  Agustín J. Martin Sánchez


 P-4
Gran placa de cuarcita anaranjada, de forma semejante a P-3, con truncadura en la base y recorte circular en extremo contrario. Sus dimensiones máximas son de 20 x 24 x 5,5 cm y su estado de conservación es medio, debido a la erosión que ha sufrido. En una de sus caras presenta cinco extracciones laterales que recorren su perímetro; en la otra cara se aprecia una quinta extracción perimétrica y recorte circular de un sólo golpe, en su lado superior izquierdo.

P-5:
Placa alargada de cuarcita anaranjada, con una extracción central ovalada (10 x 11,2 cm de diámetros) en su cara delantera. Sus dimensiones máximas son de 15,7 x 30,5x 2,9 cm. Se encuentra fracturada por la mitad (rotura reciente) y ha perdido parte de su masa en el lado superior derecho rotura antigua, quizá contemporánea a la extracción central): su estado de conservación es medio-bueno. Su peso aproximado, 4.000 gramos.

POLIEDROS, ESFEROIDES Y BOLAS

En los últimos años se ha venido aceptando la sincronía de estas piezas , con los bifaces, triedros y hendidores, en pleno apogeo Achelense. Los poliedros, esferoides y bolas están bien representados en yacimientos inferopaleolíticos africanos de la fase antigua, como los asociados a industrias Olduwayense (BORDES, 1984) o Villafranquiense (BRÉZILLON, 1969), y otros, de una fase más reciente, asociados a industrias del Achelense y el Musteriense, incluido el Ateriense.
Esta tradición parece haberse dispersado por Europa y, finalmente, la Península. En lo que se refiere a ésta conocemos bien los yacimientos documentados en la meseta central: tanto en la sub meseta norte (BENITO DEL REY y BENITO, 1988), como los localizados en la submeseta sur (ANTONIO CIUDAD, 1986). En esta última podemos incluir los yacimientos que estamos sometiendo a estudio y que también ofrecen ejemplos notables de estas piezas.

La presencia de estos artefactos realizados en cuarzo y cuarcita, aparecidos en yacimientos del Pleistoceno, ha abierto un amplio debate entre los prehistoriadores, desconcertados por dos motivos:
1. Que, aunque algunos autores creen fueron usados como armas arrojadizas (boleadoras) ”(LEAKEY, 1948) dado que fueron hallados en grupos de tres (Ologesailie, Kenia)-, o como útiles de molienda (WILLOUGHBY, 1990) -por el deterioro apreciable, que sería provocado por el martilleado-, la diferencia de ta-maño y peso entre unos y otros, así como la viveza de aristas en otros, invalida estas hipótesis. Lo cierto es que se desconoce su función, es más, en los últimos años, se ha teorizado sobre la posibilidad de que no exista explicación funcional -al menos para todos los casos (WILLOUGHBY, 1990).

2. Como consecuencia del primer debate, si descartamos su funcionalidad en necesidades de primer orden -las relacionadas con la caza, la alimentación o el abrigo-, entonces debemos aceptar otro uso menos material, como el religioso, el mágico o, porqué no, el estético. Desde que en los años 50 apareciese en el yacimiento tunecino de“El Guettar (Gafsa), a 7 metros de profundidad, una compleja unidad estructural formada por sesenta esferoides y bolas que conformaban un montículo cónico de 130 cm de diámetro por 75 cm de altura, en el que se veía un progresivo perfeccionamiento esférico y disminución del tamaño hacia la cumbre (GRUET, 1958-59), su interpretación funcional ha cambiado de rumbo bruscamente. Gruet, su excavador, lo interpretó como un monumento cultural, dedicado a la fuente en la que se construyó

En este sentido, debemos considerar seriamente el hecho de que la capacidad creadora del hombre no sólo se destinó a la fabricación de útiles.


HIPÓTESIS DE FABRICACIÓN

P-3, P-5 y P-6
Para conseguir saltar una lasca frontal de manera tan limpia y mediante efectos naturales (geofacto) sería necesario que otro guijarro, con suficiente peso y aristas en alguno de sus lados, se precipitara sobre la placa receptora del impacto, con un ángulo obtuso de golpeo y mientras que dicha placa se mantiene firmemente sujeta al suelo. Pe-ro, dado que el grosor de las placas no supera los 6 cm, si el guijarro que golpea es demasiado grande y pesado, o se estrella con demasiada fuerza, seguramente fracturaría la placa por la mitad. estas circunstancias hacen prácticamente imposible que las piezas analizadas se generen de manera fortuita.

La obtención del lascado frontal debió realizarse mediante percutor directo (al menos en P-3 y P-5) y fijando firmemente al suelo la placa, además de golpearlo con un ángulo superior a 120º . El percutor debía tener aristas naturales o artificiales, creadas mediante truncadura en la parte superior y, sobre la zona donde golpeó, dejó el negativo de alguna pequeña lasca parásita, en vez de punto de percusión, porque la superficie de golpeado debió ser mayor

La truncadura de la base de P-3 y el recorte superior en círculo se realizó después del lascado y los dos picotazos frontales (éstos mediante puntero duro o semiduro), invadiendo parte del segundo picotazo. Las técnica empleada se denomina percusión inversa: golpeando el núcleo sobre un percutor duro pasivo o durmiente. P-3 (figura 2) ha sido realizada sobre una gran lasca, esto es, en su parte trasera apreciamos un positivo de lascado, cuya dirección parte de la base. Este hecho nos plantea la posibilidad de que originalmente no se trataba de una placa, sino de un guijarro con cara plana que, a posteriori, fue extraída mediante la truncadura de la base (preparado del plano de percusión) y un fuerte impacto sobre el guijarro receptor. De ser así, estaríamos hablando de la manipulación de grandes guijarros, con un peso superior a los10 kg, tanto para el núcleo como para el percutor.
En P-6 no apreciamos zona de impacto, por lo que pensamos que, o bien ha desaparecido por el desgaste, o debió realizarse mediante percutor in-directo de caña de hueso.

P-4
Esta pieza encierra una complicación añadida pues por el lustre podemos asegurar que los golpes realizados sobre las caras planas son anteriores a la truncadura de la base y el recorte circular de su lado superior.
Las extracciones 4 y 5 son las más interesantes, en especial la 4, porque parecen haber aprovechado una fisura en el canto de la placa y han sido truncadas circularmente, como se hizo con P-1 y P-2.
Por otra parte, el recorte de su forma es idéntico y guarda la verticalidad de P-3, aunque esta talla ha sido posterior. De alguna manera parece haber sido reutilizada.

LA FABRICACIÓN DE AFILADORES

Es particularmente interesante comparar el método de fabricación de los lascados de P-1, P-2 y P-5 con el empleado para realizar un útil usado desde los inicios del Achelense: el afilador, muchas veces denominado muesca.

Este útil, destinados a sacar punta o descortezar ramas de tamaño pequeño y mediano, se adscribiría con mayor lógica, en el marco cultural Musteriense, etapa paleolítica que marca una revolución tecnológica debido a la especialización de útiles como los perforadores, raederas y raspadores. Sin embargo, intuimos que deben ser más antiguos por que el estudio comparativo de varios de ellos denotan una evolución lógica en tamaño, adaptación a la mano y uso específico, en este tipo de útil, desde su primera fabricación sobre placas o guijarros aplanados hasta medias lunas hemisféricas sobre lascas en pleno desarrollo Levallois-, afiladores-gancho de sección triangular y pequeños afiladores casi geométricos y bajo espesor. De cualquier forma, queda latente el perfecto dominio de la técnica de corte perpendicular en semicírculo. desde los inicios del Achelense, técnica que dista mucho de la empleada para el saltado de muescas o la fabricación de denticulados.


CONCLUSIONES

EN TORNO AL INICIO DEL ARTE

Cuando hablamos de Arte Paleolítico, por definición, nos remitimos al desarrollado en el Pleistoceno superior, durante la fase glaciar Würm reciente, asociado al contexto cultural del Paleolítico superior. Llevarlo a horizontes más antiguos es, para algunos prehistoriadores, aventurarse en un terreno pantanoso, lleno de hipótesis descabelladas. Sin embargo, si analizamos detenidamente las reconocidas como primeras manifestaciones artísticas del hombre, nos sorprende cómo, teóricamente, el hombre prehistórico se inició en arte parietal y mobiliario con una técnica y dominio virtuoso del dibujo.

Las primeras manifestaciones gráficas que realizó el hombre, posiblemente no representaban nada, quizá sólo se familiarizaba con el soporte, descubría que también podía crear con sus manos marcas, señales u objetos que ningún otro animal era capaz de hacer. En este marco adquiere significado algunos de los trazos aparecidos en cuevas, realizados con los dedos sobre la caliza húmeda (macarroni), o simples líneas grabadas sobre huesos. Estos primeros inicios no figurativos, de muy difícil interpretación, dado que no representan nada observado en la realidad, sería más sencillo calificarlos de meras manifestaciones antrópicas, como puede ser cazar o tallar la piedra. Pero es muy posible que estas marcas intencionadas, sin explicación aparente, encierren en sí mismas su propio significado: son sencillamente eso, las marcas que, como cualquier otro animal, deja el hombre.

De aquí que estas manifestaciones estén directamente relacionadas con otras, como son las manos en negativo, más figurativas. Aunque, bien es cierto que estas últimas contienen matices de identificación personal, como nos indican algunas manos con dedos mutilados, que no existe en los trazos ondulados, menos subjetivos.
Por ello, el hecho de no ser capaces de saber qué representan, no nos da el derecho a descalificar estas manifestaciones, porque no deja de ser una obra o actividad en la que el ser humano muestra simbólicamente un aspecto de la realidad o un sentimiento, ¿Qué aspecto?, la marca del hombre, ¿Qué sentimiento?, quizá un sentimiento de poder.

En este sentido, ha esta primera etapa de expresión plática, se le ha denominado mentalidad simbólica.
Como cualquier otro invento o descubrimiento, el arte partió de la observación de la realidad, pasando por la imitación y desarrollándose, finalmente, la idealización, esto es, lo primero que debió hacer el hombre fue representar lo más fielmente lo que veía, pero no sólo en imagen, también en volumen, luego lo pasaría por el filtro de la subjetivación resultando representaciones puramente simbólicos como el arte levantino o los petroglifos gallegos.

Debemos tener en cuenta que, el hecho en sí de intentar plasmar cualquier realidad sobre un soporte bidimensional, lleva implícito la capacidad de sintetizar las características identificativas de un objeto tridimensional: sería más acertado buscar el inicio de expresión gráfica del hombre en soportes igualmente tridimensionales. En esta línea deberíamos buscar esas primeras representaciones figurativas en objetos volumétricos realizados en materiales contextualmente paleolíticos, e incluso inferopaleolíticos, como la madera, el hueso y fundamentalmente la piedra, pues, éste último es, por su perdurabilidad y como material de iniciación el hombre, el más idóneo para ello.

Si el hombre tuvo, en algún momento, la necesidad de representar su realidad cotidiana, sin duda lo hizo en el soporte y con la técnica que venía dominando. Así pues, el soporte y la materia en que se realizarían las primeras manifestaciones, e incluso representaciones artísticas, estuvieron subordinadas a la talla lítica, primera fábrica o industria desarrollada por el hombre. Aquí es cuando entran en escena piezas líticas, indiscutiblemente talladas por los primeros homínidos, como los poliedros, bolas, esferoides y las piezas que ahora presentamos, mayormente descatalogadas o desechadas a drede, bien por desconocimiento, bien por ignorancia supina.

Lo que parece más lógico pensar es que el volumen se adelantó a la aparición del trazo, el objeto al concepto, lo material a lo inmaterial. Sin embargo nos podríamos preguntar que, de ser así, y suponiendo que lo que primero intenta representar el hombre son los animales que deseaba cazar y que en cierto sentido parecía idolatrar, ¿cómo representar figurativamente un ciervo en cuarcita?, lógicamente parece empresa difícil de realizar. El error es pensar que lo primero que motivó al hombre en sus representaciones fueron los animales. Éstos, al fin y al cabo, eran, más fuertes o más débiles, más grandes o más pequeños, como él. Pero, por el contrario, todos los días, una tras otro, y cuando llegaba la noche, el hombre observaba algo, no sabía si era animal u otra cosa, pero algo vivo porque se movía, y se mantenía ahí arriba, observante, inalcanzable, quizá inmaterial: los astros, éstos seres que participaban y marcaban su vida cotidiana, debieron ser terriblemente admirados y temidos. Les hacían sentir frío o calor, les alumbra-ban o los sumían en la más aterradora oscuridad, les anunciaban la llegada de las estaciones, la fertilidad de sus hembras... determinaban su vida, más aún que el alimento y abrigo que les proporcionaban los
animales.

La Luna y el Sol eran, qué duda cabe, los astros que más les impresionaba y las primeras representaciones debieron mostrarlos. Hoy sabemos que son grandes objetos celestes esféricos, pero para el Homo Erectus sería muy difícil imaginarse su carácter material y, en consecuencia su esfericidad.

Por esto es bastante inverosímil pensar que los esferoides tallados en cuarcita representen a los referidos astros: posiblemente tenga más que ver con la idea de fertilidad, en cuanto al volumen esférico del que procede toda la vida que ellos conocen -el útero de los mamíferos y los huevos de reptiles y aves.
En un breve paseo por la bibliografía antropológica descubrimos que el mito del huevo, en torno a la explicación de la creación del mundo, es un tema de destacada presencia en sociedades primarias (HARRIS, 1991). El huevo es el elemento potencial de la vida y, algunas sociedades como el pueblo Dogón del oeste americano, lo define como la placenta del mundo.

En esta línea se desarrollan la mayoría de los mitos cosmológicos, que describen la creación de la humanidad como una eclosión de los mundos inferiores, ascendiendo progresivamente hacia el exterior. La rotura de la cáscara del huevo fecundo viene a simbolizarlo.

Muy diferentes son las piezas que nos ocupan, porque éstas mantienen unos caracteres volumétricos y bidimensionales a la vez, podríamos decir que, como auténticos bajorrelieves, conforman la etapa de transición del volumen al plano. Es muy posible que en este proceso de adaptación y asimilación a otras técnicas y soportes, se utilizase el cubrimiento y rasado de cavidades, cazoletas o lascados con pigmentos blanquecinos u ocres -como la ceniza o la arcilla- para marcar mejor lo representado. Como consecuencia de esto surgiría el descubrimiento de la pintura, que no necesitaba de recipiente para sujetar la pigmentación, pues ésta, adecuadamente mezclada con sangre o agua formaba un líquido colorante -el óxido férrico, manganésico, etc.- que se adhería a la pared y perduraba en el tiempo. mezclada con sangre o agua formaba un líquido colorante -el óxido férrico, manganésico, etc.- que se adhería a la pared y perduraba en el tiempo.

Del examen pormenorizado que hemos realizado de las piezas aquí expuestas, se desprende claramente su intencionalidad de crearlas así porque esa era su idea preconcebida, pero creemos que hasta llegar a este estadio, como en casi todos los grandes hechos, debió de mediar lo que nosotros denominamos la determinación de la casualidad. Nos referimos a que seguramente la primera representación de estos astros se produjo sin intención previa.

Un buen día, mientras se disponía a tallar un guijarro de cuarcita, Hug, el poseedor del dios Luna, se dio cuenta que al desprenderse una lasca, ésta dejó en la piedra la forma de algo que las últimas noches venía observando con cierto recelo: aquel gigantesco animal que lentamente surcaba el cielo hasta desaparecer en la lejanía del horizonte. No sabía cómo había capturado aquello que todas las noches le inspiraba tanto respeto. Este hecho le hacía importante, poderoso y debía mostrar su poder a todo su clan. Así debió hacerlo y así debieron de reconocérselo porque las diferentes piezas estudiadas no sólo constatan una tradición en el tiempo, sino que también dan lugar a pensar que existió una evolución en el culto -si se le puede llamar así- al astro lunar.

Fijando ahora nuestra atención en el hecho de que estos astros no pudieron pasar desapercibidos ante los ojos de los primeros hombres, y conscientes de la influencia, por su dependencia, desconocimiento e inmaterialidad, que debieron ejercer sobre las mentes de éstos, es bastante plausible pensar que su primera subordinación fue para con estos astros.

Pero, las representaciones astronómicas, que en principio debieron ser individuales, parecen evolucionar hacia las composiciones de varios astros -como indican P3 y P4, o la lasca cortical aparecida en Atapuerca-, denotando un mayor estudio y observación del cielo nocturno, quizá debido a la ausencia de tareas ocupacionales durante la noche, o sólo porque, lógicamente, se daban las condiciones mas propicias para su observación. De cualquier forma, este incipiente estudio de la astronomía se constata ya en el Paleolítico Superior Inicial, con la aparición en Francia del primer calendario lunar, realizado sobre una lasca de hueso, que data de hace 32.000 años, aunque la mayor fascinación por el ritmo celeste se produciría durante el megalitismo. Centrándonos en las piezas que aquí estudiamos, creemos que, tanto P1, como P2, podrían representar indistintamente la Luna en cuarto creciente o en cuarto menguante -dependiendo de la colocación del lascado hacia la izquierda o hacia la derecha- durante los meses estivales, que es cuando el eje de corte de la media luna adquiere su máxima verticalidad, ya que durante el resto del año la media luna se ve algo inclinada. Esto nos ha llevado a pensar que, de alguna forma, podría marcar las fases crecientes o menguantes de la Luna, así como el inicio de la estación de verano(día de S. Juan) y los días más largos.

P3 representa una composición formada por la Luna llena en conjunción con dos astros muy luminosos que deben ser Venus y Marte en horas vespertinas.. Por su parte, P4 podría haber representado originalmente la Luna en cuarto creciente y menguante, y posteriormente, quedó reducida a cuarto creciente o sencillamente como icono presencial, induciéndonos a pensar en el origen de los betilos y estelas.

En cuanto a P-5 y P-6 representarían bien una Luna llena, bien un Sol, bastaría con la elección de uno u otro pigmento, aunque el posterior estudio de cazoletas aisladas se acercan más a la posibilidad del culto al Sol (JORDAN y SANCHEZ, 1984).
Por último, en la misma dirección y al margen de nuestras piezas, nos gustaría apuntar que los cinco impactos de la lasca de Atapuerca podrían representar las Pléyades australes, relacionadas con la indicación del Norte a finales de año.

El hecho de que nosotros interpretemos el elemento negativo como representación, y no al contrario, se basa fundamentalmente en la idea de verticalidad de las piezas y la necesidad de un plano base sobre el que representar, máxime si se trata de composiciones. No obstante, por lógica, el positivo o lasca podría crear confusión con otras piezas de uso funcional, como el cuchillo de dorso o la lasca cortical, y sería más susceptible de ser rota o extraviada.

La idea de verticalidad es sugerida en P3 y P4 por la truncadura rectilínea que hace de base, mientras que en el resto de las piezas no es tan clara, sobre todo en P1, cuya cara lateral, que ha recibido el impacto del puntero, es plana, sobre la que se podría sentar perfectamente la pieza. Sin embargo, pensamos que este elemento justifica más el facilitar el golpe certero del percutor indirecto que el poder ser sentada en esa posición. En consecuencia creemos que estas representaciones serían observadas mejor manteniendose en vertical a lo largo de su eje longitudinal, aunque para su sujeción al suelo se debiera preparar un hueco o amontonamiento de tierra o pequeñas piedras alrededor.
Además, debemos tener en cuenta que P1 y P2, por sus características físicas de volumen y peso, son fáciles de trasportar y es muy posible que la verticalidad venga dada por su perfecta adaptación a la mano levantada mostrando su representación a los sujetos de en frente.

SIGNIFICADO Y HERENCIA DEL ARTE INFEROPALEOLÍTICO

A la hora de teorizar sobre el sentido o significado de estas representaciones, ya hemos apuntado algunas direcciones y, aunque es muy difícil determinar con exactitud su uso no funcional, creemos con bastante lógica en dos hipótesis, para nada enfrentadas: por un lado, seguramente estos artefactos eran usados como elementos profilácticos ante la naturaleza, esto es, la representación de un ser poderoso y el llevarlo consigo como amuleto protector es algo que ha perdurado hasta nuestros días. El representar la Luna y portarla en su peregrinación tras la búsqueda de refugio y alimentos, aseguraba que ésta les protegía de las inclemencias naturales, siéndoles favorable, e incluso de los percances que pudieran sufrir, porque, de alguna manera, como nada podía alterar la existencia del ser celeste, esto le hacía superior a cualquier ser o animal terrestre y, en ese sentido, podía interceder por los portadores de su imagen, que reconocían su superioridad. Esta advocación sirvió, en principio, como estandarte de diferenciación para con los otros clanes, aunque con el tiempo debió formar parte de su herencia cultural y la trasmisión generacional acabaría generalizando su uso.

Dada la ambigüedad y recelos que lógicamente ha generado la catalogación de estas piezas, hasta ahora ignoradas, no se puede determinar el alcance y desarrollo del clan lunar, pero confiamos que a partir de nuestra publicación, la aparición de nuevas piezas empiece a despejar estas y otras incógnitas.
Dentro de este sentido protector, tiene cabida la idea de fertilidad, asociando el ciclo lunar al menstrual de la mujer, que se repite cada 28 días, lo que tarda la Luna en aparecer o desaparecer en su fase creciente o menguante.

La idea de tratar estas piezas como parte del equipamiento de un grupo o clan itinerante, nos hace plantearnos cuestiones intrigantes que hoy sólo pueden quedar en el aire, como quién era el portador: una hembra fértil, el chamán, el líder del clan...

Por otro lado, en un sentido más funcional, pudo haber sido utilizado para señalar etapas estaciónales, quizá -sobre todo las piezas más pesadas- estas representaciones permanecían en un lugar determinado, propicio para emplazar un campamento estacional, marcando su localización espacio-temporal y, posiblemente, marcando también la pertenencia de ese refugio , o radio de acción del clan (JORDÁN y SANCHEZ, 1984), como posteriormente se ha pensado sobre alguna pinturas rupestres y petroglifos.

Esta segunda hipótesis nos hace plantearnos otra cuestión que emana de la mera observación de las piezas: existe una evolución clara desde P-1 y P-2 hasta P-6, y parece indicar que las piezas más pequeñas, poco pesadas para transportar, son anteriores a las mayores, aunque es imposible, por el momento, determinar si unas sustituyeron a las otras. Respecto a estas piezas más pesadas, de carácter inmueble, su hallazgo en posición secundaria, en superficie, nunca asociadas a un estrato virgen, imposibilita la obtención de datos que den luz sobre el ambiente contextual que ocupaban en el yacimiento o su disposición.

De alguna manera, estos inicios de representación simbólica o lenguaje social, donde un objeto representa lo mismo para diferentes individuos de un grupo, sirviéndoles, a su vez, de nexo, contempla el nacimiento del Lenguaje y, posteriormente, del mito, enraizados en la observación de fenómenos naturales, como sostiene Max Miller (….) Si la representación y uso de las piezas con medias lunas y composiciones lunares parece, más o menos, claro, por el contrario, las grandes extracciones ovaladas o circulares (conocidas técnicamente como cazoletas) presentan hipótesis más dispares por la perduración de estas representaciones en otras culturas más recientes.

La aparición de cazoletas o insculturas talladas en afloraciones naturales de piedra o en grandes monolitos, asociadas a yacimientos arqueológicos, abre una abanico cronológico que abarca desde el Musteriense hasta la Época Medieval. Este hecho no hace sino difuminar su significado cultural y confundir el uso heredado, aunque existen algunos conceptos originales que se mantienen, mientras otros han variado o se han adaptado a su sincronía histórica.

Uno de los mayores estudiosos de las cazoletas en culturas prehistóricas fue Sigfried Giedion (1981), quien interpretó que las cazoletas aparecidas en yacimientos paleolíticos franceses aparecían asociadas a vulvas femeninas o a animales, con un sentido claro de fertilidad, hipótesis aceptada por Bogna (1980) y Cayetano de Mergelina (1922). Éste último, identifica las cazoletas con punteados y discos en el arte rupestre levantino de la Península. Leroi-Gourhan (1958) llega a la misma conclusión, siempre asociados a la idea de fertilidad y los órganos reproductores masculino y femenino. Giedión sugiere que las parejas de cazoletas abiertas sobre una losa, en una tumba infantil del yacimiento musteriense francés de Le Ferrassis (Les Eyzies) (PEYRONY, 1934), representarían los senos maternos que nutrirían al niño en la otra vida.

Otras teorías, ancladas en contextos culturales del Bronce, apuntan a connotaciones relacionadas con el agua. Sphani (1949), Bogna (1980) y García del Toro (1981) creen fueron dedicadas a libaciones u otros tipos de ceremonias religiosas, en las que las cazoletas eran destinadas a la recogida del agua de lluvia, con un claro sentido purificador/sanador o propiciatorio de precipitaciones, como sostienen Cayetano de Margelina (1922).

Sin embargo, otra vertiente de hipótesis, que a nosotros nos parecen más interesantes, explican su significado en relación al culto solar, ideogramas lunares/solares o diferentes cosmoglifos. Baudoin (1919, 1922) y Guenin (1915) ven en conjuntos de cazoletas abiertas sobre menhires representaciones de constelaciones como la Osa Mayor o Casiopea. En la línea explicativa de vinculación astronómica apuntan otros autores como Blázquez y Forte Muñoz (1983). Giedion (1981) piensa que en Egipto las cazoletas y las esferas simbolizarían la potencia vitalizadora del sol. Jordán y Sánchez (1984) encuentran muy atrayente, aunque no definitivo, la idea del culto al sol en la gran cazoleta roja de Minateda (Albacete). De la misma manera, Bueno et alii(1998) interpretan la gran cazoleta-sol , acompañada de canales-rayos de la Roca de San Bernardino y el curioso panel cenital de Las Cabañuelas (La Hinojosa, Cuenca).

Aunque estas últimas hipótesis, relacionadas con el culto solar, se enmarcan en culturas más evolucionadas, no podemos perderlas de vista como posible tradición heredada, que explicaría, en gran medida, el origen de las cazoletas practicadas sobre cuarcita.

De cualquier manera, ahondando en origen simbólico de estas manifestaciones, siempre desembocamos, a través de teorías de hidrogénesis, cenitales, cosmoglíficas o vúlvicas, en la idea de fecundidad: bien, teniendo el agua como elemento purificador y propiciador de vida; bien, tomando al sol como fuente vitalizadora y generadora de vida; bien, asociando la apacirión en el cielo de determinadas constelaciones nocturnas, que anunciaban cambios estaciónales, como el invierno o el verano; o directamente, simbolizando los órganos genitales masculinos y femeninos, como la vulva, los senos o el miembro fálico.

En otro punto, recordemos, está la representación del astro lunar, que refuerza, aún más, esta obsesión por la fecundidad, y es que, en definitiva, lo que subconscientemente prevalece en la mente del hombre, como en la de otras especies, es la idea de supervivencia, en la vida material, mediante la perduración de la especie, y en la vida inmaterial, mediante el acercamiento a los astros inmortales.