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Arroba de los Montes, Ciudad Real, Spain
INVESTIGACION Y DIVULGACION DE ARROBA DE LOS MONTES

viernes, 1 de febrero de 2019

LA PIEDRA BEZOAR O BEZAR EN ARROBA DE LOS MONTES.

JESÚS VÍCTOR GARCÍA
MARIA DOLORES FERNANDEZ MARTIN

La piedra bezoar es una acumulación de sustancias no digeribles que se encuentran en el estómago de algunos animales. Son concreciones duras, lapideas, de variable volumen, formada de capas concéntricas alrededor de un núcleo, que se encuentran en el estómago e intestinos de rumiantes y roedores.

Hay varias clases de bezoares.

-Tricobezoar: formado por pelos, muchas veces consumido de su propio pelo.
-Farmabezoar: formado por medicamentos o minerales.
-Fitobezoar: formado por materiales orgánicos no digeribles.

Piedra bezoar de vaca de Arroba de los Montes (foto Jesús Víctor García)

La palabra bezoar viene del persa "pâdzahr", significando "contraveneno o antídoto", con la creencia de que esta piedra podía anular los efectos de todos los venenos. Bezar etimológicamente proviene del persa "bad" que significa "viento" y "zahr" veneno, significando "sopla o disipa el veneno".
Lázaro Rivero en sus instituciones médicas dice que viene del hebreo Bel que es "señor" y Zoctr que es "veneno".
La composición de las piedras bezoar es de carbonatos, fosfatos de cal, colesterina y materias vegetales descompuestas y pelos. Esta composición, sí puede anular los efectos de algunos venenos como el arsénico.
Piedra bezoar de Arroba de los Montes vista al microscopio, se observa cristales de colesterol, pelos, restos vegetales y carbonato potásico (foto Jesús Víctor García)

La piedra bezoar de Arroba de los Montes tiene un diámetro de 3,1 centímetros y un peso de 5 gramos, con una densidad muy baja; es de color grisáceo, aunque la parte apoyada en la tierra tiene un color más oscuro. Esta piedra se encontraba en una majada de vacas, por lo que suponemos que es una "piedra de vaca".

Los bezoares fueron empleados en la antigüedad como medicamentos eficaces contra la afección del vientre,corazon, epilepsia,viruela, sarampion. En el pasado y en la actualidad es recomendado para contrarrestar los efectos de los venenos.

En la antigüedad, a esta piedra, que no se disuelve en agua, se le atribuía funciones mágicas para neutralizar venenos o curar el mal de la melancolía, al igual que el cuerno del unicornio.
Esta piedra llega a Europa a través de España con los musulmanes, pasando a la corte de los Austrias españoles, y es en pleno Renacimiento cuando tiene su mayor expansión, siendo un objeto muy codiciado por los reyes, la nobleza y sobre todo por mecenas del siglo XVI que coleccionaban todo tipo de rarezas.
Piedra bezoar de vaca de Arroba de los Montes (foto Jesús Víctor García)

El encontrar una piedra bezoar solucionaba las necesidades económicas de una familia, existiendo casos de apropiaciones indebidas o robos. Como ocurre en Cuenca de Campos (Valladolid) en el 1577-78, cuando se inicia un pleito "por la restitución de una piedra llamada "bezar", de propiedades curativas, que Francisco Vaca dio a Francisco Aguilar para que la llevase a Valladolid para su valoración, el pago de 200 ducados de oro por ella".

En 1572, el científico Ambroise Paré realizó un experimento con un bezoar, ya que decía que era imposible que esta piedra curará todos los venenos. Uno de los cocineros de Ambroise fue atrapado robando utilería de plata y este aceptó ser envenenado. Entonces el científico hizo la prueba y el cocinero murió, comprobando, al contrario de lo que se creía en ese tiempo, que el bezoar no curaba todos los venenos.

La poetisa Luisa Carvajal y Mendoza en su epistolario describe cómo usa la piedra bezar:" "Yo por extremo flaca de unas calenturas muy grandes; páselas casi sobre la cama; y solas tres veces me vio el doctor, y ésas, a los doce días del mal. Curábame yo con hacerles hacer a mis compañeras buen caldo de gallina y tomar piedra bezar, que es necesaria más que allá; porque las calenturas tienen más de ordinario malicia, y no hay hallar una verdadera; son como cuentas o canelones muy largos de ébano, muy lucidos, y carísima cosa; y luego es todo tomar bezar, viniendo médico; que me cae en gracia. El padre Espinosa me envió algunas que me han ayudado mucho".

Luis Vélez de Guevara (1579-1644) en su obra El Diablo Cojuelo narra los remedios médicos de su época: "Allí, más arriba, un boticario está mezclando la piedra bezar con los polvos de sen. Allí sacan un médico de su casa para una apoplejía que le ha dado a un obispo...".

Tirso de Molina (1579-1648) en su obra La villana de Vallecas habla de esta piedra:


"Hay una piedra bezar,
entre otras tres, guarnecida
de oro, mayor que un huevo".

Las gemas de bezoar tenían unos precios desorbitados, siendo los reyes y la alta aristocracia los poseedores de estas piedras. Algunos nobles alquilaban los bezoares en las boticas y, tras ser usados en un banquete, debían devolverlo al día siguiente. Ya  D. José Amar, médico de cámara de S. M., hace mención de la propiedad que atribuye el Dr. Albero a la piedra bezar o bezoar para el tratamiento de la viruela en el año 1774.

Emilia Pardo Bazán en su obra Cuentos trágicos menciona la codicia que había sobre estas piedras: "Son amuletos, talismanes, fetiches, mandrágoras, piedras del cielo, bezoares, uñas de la gran bestia, redomas de encantamientos y filtros... Han sido traídos de todos los países, recogidos sobre cadáveres, en santuarios quemados, en guaridas nocturnas de hechiceras de Tesalia; han sido arrancados, robados, comprados a peso de oro..."

También Molière (1622-1673), en su obra El enfermo de aprensión, menciona al bezoar: "una porción cordial y preservativa, compuesta de doce gramos de bezoar, jarabes de limón y granada y otras hierbas, según prescripción, veinte reales".! ¡Poco a poco, señor Fleurant!... ¡Abusando de este modo, no habrá nadie que quiera estar enfermo!


Piedra bezoar de vaca de Arroba de los Montes (foto de Jesús Víctor García)

Las piedras bezoar se colocaban en el fondo de una copa; algunas de estas piedras flotaban porque estaban constituidas por pelos y calcio, por lo que se crean unos recipientes específicos para usarlas, llamados bernegales.

Los bernegales son copas casi siempre de plata con dos asas en cuya base se ubicaba el bezoar. Estas piezas eran muy comunes en las colecciones privadas de los siglos XIX y XX. Esta moda de usar los bernegales con bezoares en su interior va desapareciendo poco a poco, y es con la Ilustración cuando se extingue su uso. Todavía en algunos museos se conservan bernegales con piedra bezoar, como el bernegal de cristal del Tesoro del Delfín en el museo del Prado.

El florero de Jan Brueghel el Viejo (1568-1625) con una piedra bezoar. Museo del Prado

Ya en el año 1795, el doctor Guillermo Cullen en su tratado médico critica el uso de métodos no científicos "acerca de los antiespasmódico sacado del reino animal, debo advertir que las perlas o margaritas, los granos kermes sacados del coco ilicis, la cochinilla sacada del coco cachi, el unicornio extraído de la mandíbula superior del monocferato o narval, los polvos del hueso petroso del tricherio manato, llamados vulgarmente piedra manata, los dientes del hipopótamo, los de marfil o los del colmillo de elefante, los del calculo o piedra del cuarto ventrículo de la cabra bezoardica, llamada vulgarmente bezoar, los del cráneo humano y la sangre bebida caliente y sacada de un malhechor recién degollado, que se han celebrado como insignes espasmódicos, cefálicos, analépticos y antiepilépticos, son unos remedios inútiles, vanos, supersticiosos y monstruosos, que ni están apoyados en la razón ni en la experiencia, y por consiguiente indigno de ocupar algún lugar en la Materia Medica".

En Harry Potter y el cáliz de fuego de J.K. Rowling menciona la piedra bezoar: "Le costó concentrarse en el examen de antídotos, y por eso se olvidó de añadir el ingrediente principal (un bezoar), por lo que Snape le puso un cero".


BIBLIOGRAFIA:

-Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, PL Civiles, Pérez Alonso (F), Caja 65,2.

-Tratado de materia médica del doctor Guillermo Cullen, (original imp. en Edimburgo, 1789) traducido por Bartolomé Piñera y Siles, Madrid. imp. Benito Cano, 1795. PP. 549-550.

-Tratado elemental de materia farmacéutica mineral y animal.Enrique Calahorra de la Orden. 1875

-Estudios coloniales, Piedras Bezales. P. Greñón, S.J. AÑO 9. N.º 5-6-7. JULIO-AGOSTO-SEPTIEMBRE DE 1922


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